Buscando El Camino de Regreso a la Ilusión: La Pérdida de la Motivación y del Sentido de Vivir.

La vida en general la tejemos con hilos invisibles de ilusión, motivación y voluntad. Es ese impulso intangible que nos arrastra fuera de la cama cada mañana, que enciende una chispa en nuestros ojos cuando pensamos y hacemos lo que hemos planificado para mantener y seguir hacia nuestros objetivos y metas.
Durante mucho tiempo, mi existencia se sostuvo sobre esos pilares: la certeza de que había algo y alguien, por lo que valía la pena luchar, por lo que la travesía, con todos sus altibajos, tenía sentido y propósito.

Sin embargo, cuando el golpe del destino se tornó cruel y me arrebató ese entorno, esa razón de ser y de existir, sentí que los cimientos de mi mundo se resquebrajaban y se empezaban a hundir. Fue como si una sombra espesa y densa cubriera poco a poco mi interior, apagando la luz de la esperanza y, con ella, la voluntad de avanzar ya en ese sentido.
Los días durante mucho tiempo, se hicieron pesados, arrastrándose uno tras otro, sin que nada pareciera tener el mismo color ni el mismo sabor que antes. Las cosas que alguna vez me llenaron de voluntad  y entusiasmo, los sueños y metas que solía acariciar con tanto esfuerzo y tesón, perdieron su brillo y se transformaron en simples recuerdos de los momentos de felicidad de pareja y en familia a los que me di cuenta que ya no me pertenecía.

Lo más devastador además de la pérdida en sí de todo esto, fue también la desaparición de la ilusión, de esa energía vital que me caracterizaba y que me había impulsado a creer, a querer, a soñar en pro de un equilibrio sentimental e incluso económico que mi entorno familiar. Sentí cada vez con más frecuencia que la vida se tornaba en una cruda realidad, se despojaba de cualquier promesa de alegría futura a corto medio y largo plazo, en mi mente y en mi corazón se produjo un gran e en sonoro vacío. Y es en esa ausencia, en ese vacío, donde el dolor se vuelve por momentos más insoportable y por la falta de ilusión junto con la pérdida de esos deseos; es como si la pérdida fuera la de uno mismo en la profundidad de si mismo buscando la razón y escarbando en el corazón.

La falta de interés en lo cotidiano incluso es un abismo silencioso, un lugar donde la mente y el corazón discuten y se congelan, incapaces de encontrar el calor y el color de la motivación. Es una especie de muerte repentina pero en vida, donde el tiempo transcurre y la mente está en un pasado en el que tú cuerpo y tu presenteya no vive. Es un estado de adormecimiento de los sentidos, donde el mundo sigue girando, pero tú te relentizas y en muchos momentos del día permaneces estático, atrapado en un limbo emocional del que parece imposible salir hasta que te duermes.

Reflexiono mucho sobre esto y me doy cuenta de que la vida, sin esa chispa de ilusión, se convierte en un vasto desierto, árido y desolado de desidia en el que el tiempo te come lentamente. No importa cuántos te ayuden o cuántas las personas que nos rodean te prometan sobre la posible salida y te aseuren que es cuestión de tiempo, de sanar, si en nuestro interior ya no existe la capacidad de sentir, de querer, de desear y de existir. 
La falta de ilusión nos roba la capacidad de proyectarnos hacia el futuro, nos arranca el deseo de trazar nuevos caminos, de soñar con otras metas, ni siquiera de retomar algún proyecto que antes te ilusionaba. Y es quizás, en ese estado de apatía y vacío existencial, es donde reside el mayor peligro: la renuncia a la vida misma.

Es y se convierte en el desafío diario, no es solo sobrellevar el dolor de la pérdida del sentido de la vida, sino como encontrar la manera de reconstruir esos hilos que se han roto la ilusión que sostenía tu vida. Es como hacer para redescubrir la capacidad de ilusionarse, aunque sea en algo pequeño, en un nuevo horizonte, en una pequeña nueva meta por humilde que está sea. Tal vez es un necesario proceso de duelo el que hay que pasar, de aceptar que lo que fue ya no será, y que la vida, a pesar de su dureza y su crudeza, sigue ofreciendo oportunidades para reavivar tu fuego interior que te ha llevado antes a ser quien fuiste, al menos para seguir intentándolo.

Hoy, me encuentro en esa encrucijada. No sé cuánto tiempo tomará volver a encontrar ese destello de ilusión, pero sé que debo buscarlo, porque la vida sin él se torna insípida, vacía de significado. 
La clave ha de estar o está en aceptar que la motivación y la ilusión no son permanentes, que se desgastan, que se pierden, pero que también pueden renovarse. Y en esa renovación, tal vez, pueda encontrar un nuevo sentido, un nuevo motivo para seguir adelante. Porque, al final del día, la vida se trata de eso: de creer, de avanzar, de soñar, y de tener, al menos, la valentía de buscar siempre algo por lo que valga la pena vivir. Algo que te devuelva la ilusión y las ganas.

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